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16.11.2015 21:45

La Iglesia Bizantina se separa de Roma

En Occidente el poder de la Iglesia y del Papa aumentó en la medida que la autoridad temporal se debilitaba. En Bizancio ocurrió justamente lo contrario. El emperador tuvo amplios poderes sobre la Iglesia y su autoridad máxima, el Patriarca de Constantinopla.

Con el tiempo se produjeron diferencias cada vez más hondas entre la Iglesia latina y la Iglesia griega. Ya en el año 381 el Patriarca de Constantinopla rechazó la doctrina de que el obispo de Roma tenía autoridad sobre la Iglesia entera. A las disputas sobre el poder y la jurisdicción se agregaron polémicas sobre el dogma y los ritos.

Los iconoclastas, los destructores de imágenes, denunciaron el culto de las sagradas imágenes como vuelta a la pagana adoración de los ídolos. En el 1054 el Papa León IX y el Patriarca Miguel Cerulario se excomulgaron mutuamente y se produjo la ruptura definitiva. La Iglesia en Oriente se separó del Papa en Roma y se constituyo la Iglesia griega Ortodoxa.

Después de haber rechazado victoriosamente a los pueblos germánicos, los emperadores bizantinos tuvieron que afrontar nuevas amenazas. Durante largo tiempo los principales adversarios fueron los persas, hasta que en el siglo VII el emperador Heraclio pudo triunfar sobre los persas y recuperar Siria, Palestina y Egipto.

Luego surgieron nuevos peligros. Los árabes musulmanes se apoderaron del norte de África, de Palestina y Siria. Los búlgaros, un pueblo nómada similar a los hunos, invadieron los Balcanes.

Pero el peor golpe fue asestado a Bizancio con ocasión de la IV Cruzada. Los cruzados, en vez de dirigirse a Tierra Santa, se desviaron hacia Bizancio, conquistaron y saquearon la ciudad y establecieron el Imperio Latino (1204-1261). Finalmente el Imperio Bizantino pudo ser restaurado, pero sin recuperar su antiguo vigor.

Las luchas por la sucesión del trono provocaron la división y aun la guerra civil. Los fuertes tributos impuestos por los terratenientes provocaron el descontento y la abierta rebelión de los campesinos. La economía decayó y la hacienda fiscal se arruinó.

El imperio, sacudido por las calamidades internas, ya no se pudo defender contra las crecientes amenazas externas. Después de que los turcos seldyúcidas habían ocupado ya en el siglo XI parte del Asia Menor, los turcos otomanos cruzaron en 1354 el estrecho entre Asia y Europa y empezaron a ocupar la península de los Balcanes. Finalmente Bizancio quedó totalmente aislada.

En 1453 los musulmanes asestaron el golpe final. Un ejército de 160.000 guerreros puso sitio a la ciudad defendida apenas por 8.000 hombres. Después de ocho semanas de heroica lucha los defensores sucumbieron. El emperador Constantino XI pereció con sus hombres, luchando hasta el final.

Los aportes de Bizancio

Durante un milenio Bizancio fue el baluarte de la cristiandad contra las hordas nómadas, los persas, los árabes y los turcos. Si bien la cultura bizantino careció de la originalidad de las culturas clásicas griega y romana, fue una cultura altamente desarrollada que durante largo tiempo fue superior a la civilización de la Europa medieval.

Bizancio, situada entre Europa y Asia, fue el más importante centro comercial de la temprana Edad Media. A Bizancio acudían comerciantes de todos los países. Una moneda estable basada en el oro favoreció el intercambio.

A través del Mar Negro, Bizancio se comunicaba con Rusia. Se intercambiaban vinos, sedas y otros productos de lujo por pieles, pescado y miel. A través de las estepas y los desiertos de Asia Central las caravanas traían especias, perfumes, piedras preciosas y otras mercaderías codiciadas del Lejano Oriente.

Desde Bizancio los comerciantes llevaban productos artesanales bizantinos y mercaderías extranjeras hacia los puertos del Mediterráneo occidental. El renacimiento del comercio en Europa en el siglo XII se produjo en gran parte bajo los estímulos del comercio bizantino.

Las actividades económicas eran rígidamente controladas por la autoridad pública. El Estado establecía las normas para la industria, fijaba los precios y jornales, controlaba las condiciones de trabajo y la calidad de los productos y reglamentaba la exportación. La industria más importante era la textil. La artesanía constantinopolitana era famosa por sus trabajos de cuero, las magníficas tapicerías y las joyas de oro y piedras preciosas.

A diferencia del régimen feudal en Europa Occidental y Central que se caracterizaba por la fragmentación y dispersión del poder público, el Estado bizantino estaba completamente centralizado.

El emperador bizantino gozaba de un poder absoluto; sin embargo, de hecho, su autoridad estaba limitada por la tradición y los emperadores más débiles fueron dominados a menudo por algún ministro poderoso o un ambicioso patriarca. La administración pública fue, en general, eficiente y honrada.

Uno de los mayores problemas políticos se derivó de la falta de una sucesión legal al trono. Las disputas por la sucesión llenan las hojas de la historia de Bizancio. De los 109 emperadores que hubo entre 395 y 1453, sólo 34 murieron de muerte natural.

La vida en la ciudad de Bizancio era agitada y accidentada. El público se excitaba con las carreras de caballos en el hipódromo. Las disputas teológicas se transformaron a menudo en violentas y sangrientas riñas.

La civilización bizantina se extendió por toda Europa Oriental. Los misioneros propagaron el cristianismo. La escritura cirílica usada en Rusia, Bulgaria y Serbia se derivó de la escritura griega. En Bizancio se conservó el legado de la Antigüedad clásica griega. Se siguieron estudiando las obras de Platón y Aristóteles.

Florecieron la teología y la historiografía. Procopio escribió una notable historia sobre el gobierno de Justiniano. Existían excelentes bibliotecas públicas y privadas. Con ocasión del saqueo de Bizancio por los cruzados en 1204 y los turcos en 1453 se perdieron innumerables y valiosísimos manuscritos. Sin embargo, muchas obras de los autores clásicos se salvaron y contribuyeron al renacimiento de las letras en Occidente en el siglo XV.

Los bizantinos fueron notables arquitectos y lograron fundir los elementos arquitectónicos griegos, romanos y persas en un estilo original. La creación más importante fue la basílica de Santa Sofía. Entre las artes decorativas se distinguen los espléndidos mosaicos formados por pequeños trozos de piedra o vidrio coloreado. Las murallas y cielos de las iglesias fueron cubiertos de mosaicos que representaban escenas religiosas.